
Nuestro planeta afronta una crisis climática derivada, principalmente, de diferentes actividades humanas. A pesar de que muchas de esas actividades se corresponden con modelos productivos y sistemas que evolucionan hacia un modelo sostenible, todavía se producen en el mundo numerosas actividades ilícitas que son consideradas delitos medio ambientales.
Estas acciones contra la biodiversidad y la salud de las personas son perseguidas de manera desigual en todo el mundo y ponen en riesgo los avances en materia de sostenibilidad que muchas entidades y países han puesto en marcha para reducir el impacto del calentamiento global. Enumeramos los delitos medio ambientales más habituales y reconocidos:
Deforestación Ilegal
La tala ilegal de bosques es una de las principales causas de pérdida de biodiversidad e incrementa considerablemente las emisiones de carbono. Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), cada año se pierden unos 10 millones de hectáreas de zonas boscosas debido a la deforestación. Las talas ilegales en el Amazonas son uno de los ejemplos más conocidos, pero es un problema presente en regiones de África y el Sudeste asiático.
La consecución de nuevas tierras de cultivo, habilitar nuevas áreas para la ganadería o la extracción de madera y minerales son las principales causas de la tala indiscriminada. Un problema que pone en peligro la biodiversidad de muchas reservas naturales del planeta y afecta negativamente al estilo de vida de las comunidades indígenas.
Pesca Ilegal y Sobrepesca
La pesca no regulada amenaza la vida marina y la seguridad alimentaria mundial. Según la FAO, más del 30% de las poblaciones de peces comerciales están sobreexplotadas. Muchas especies, como el atún rojo y algunas especies de tiburón, están al borde de la extinción debido a la sobreexplotación. Además, la pesca de arrastre destruye hábitats marinos esenciales, como los arrecifes de coral, y captura especies no objetivo, contribuyendo a la disminución de la biodiversidad oceánica.
Tráfico de Animales
El comercio ilegal de animales es uno de los negocios más lucrativos del mundo. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el tráfico de fauna silvestre genera entre 7.000 y 23.000 millones de dólares anualmente.
Esto provoca que muchas especies se encuentren al borde de la extinción, como los rinocerontes o los pangolines, y que otras como los elefantes tengan que acotar su vida a entornos protegidos y controlados. Este delito medio ambiental lo provoca el deseo de determinadas personas por tener especies exóticas como mascotas y el uso, supuestamente medicinal, de algunas partes de animales en recetarios tradicionales.
Contaminación y Vertido de Residuos
El vertido ilegal de residuos tóxicos, plásticos y productos químicos en océanos, ríos y suelos es una de las principales causas de contaminación ambiental. Según la ONU Medio Ambiente, cada año se vierten entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas de plástico en los océanos. Grandes corporaciones y organizaciones clandestinas descargan desechos peligrosos en áreas protegidas, afectando la salud de los ecosistemas y las comunidades humanas.
Minería Ilegal
La extracción ilegal de minerales, como el oro y el coltán, causa devastación ambiental y social. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la minería ilegal es responsable de gran parte de la deforestación en el Amazonas, de la contaminación de múltiples fuentes de agua y del desplazamiento de comunidades enteras; que se ven obligadas a huir ante la degradación natural y social del entorno.
Medidas y Legislación Internacional contra los Delitos Ambientales
Los delitos ambientales suponen una amenaza global, pero el derecho internacional todavía no ofrece un marco regulatorio homogéneo en la materia. A pesar de que existen acuerdos destinados a conservar la biodiversidad y los recursos naturales, como el Convenio sobre Diversidad Biológica (1992) o el Tratado sobre el Comercio Internacional de Especias Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (1975), la realidad es que pocos países cuentan con una legislación contundente y eficaz frente a los delitos climáticos.
La Unión Europea ha asumido un papel de liderazgo a través de la Directiva de Delitos y Protección del Medio Ambiente, aprobada en abril de 2024, cuyo objetivo principal es apoyarse en el Derecho Penal para establecer unas normas mínimas y unas sanciones comunes respecto a los delitos medioambientales en todos los Estados miembros.
Entre las medidas recogidas en la nueva directiva, destaca el incremento del número de delitos medioambientales tipificados, que alcanzan los 18 y duplican los 9 recogidos en 2008. El tráfico de madera, el reciclado ilegal de componentes contaminantes del tráfico marítimo o las infracciones graves vinculadas a la gestión de residuos químicos, son algunas de las acciones que desde el año pasado se consideran delitos medioambientales en los países que conforman la Unión Europea.
Para garantizar la investigación de estas acciones, la nueva directiva ha redoblado su esfuerzo formativo para los profesionales responsables de perseguir y judicializar este tipo de delitos. Además, se han endurecido las sanciones, pudiendo acarrear penas de cárcel para las personas físicas y multas de hasta 40 millones de euros para las personas jurídicas; que además corren el riesgo de tener que cesar su actividad y de perder el acceso a financiación pública.
Todas estas medidas son positivas, ya que permiten aumentar la vigilancia frente a los delitos medio ambientales; sin embargo, todavía hay muchos lugares del mundo y muchas actividades económicas que promueven procesos dañinos para nuestro entorno. La divulgación y la concienciación social son dos aspectos indispensables para que, entre todos y todas, podamos seguir cuidando de nuestro planeta.






